De David Barro para Paulo Reis

Paulo Reis y David Barro en la exposición Parangolé

23/04/2011

 

Paulo Reis o la contemplación del mundo.

Nos ha dejado nuestro amigo Paulo Reis. Un magnífico curador y un entusiasta del arte que para quienes hemos convivido y trabajado con él será sobre todo un amigo, nuestro generoso amigo Paulo Reis.

Se ha ido el día del libro, seguramente con alguno en la mano, como cuando muy pequeño dejó su Bahía natal para irse a estudiar a Río de Janeiro y costearse él mismo los estudios trabajando el fin de semana en el colegio donde estudiaba. Paulo Reis siempre supo lo que quería en la vida y siempre supo quién era; seguramente esa fue su mayor enseñanza: la importancia de ser siempre uno mismo.
La última gran exposición de Paulo Reis tomó como faro el libro de Michel Maffesoli A Contemplação do mundo, donde el sueño y el pensamiento están estrechamente ligados. Paulo siempre reivindicó la posibilidad de soñar porque entendía que el espacio del sueño era el espacio del arte, un lugar donde el artista se sueña a sí mismo, un lugar para imaginar, para dar rienda suelta a las utopías. Y siempre supo acompañar como nadie esos sueños, con la intención de transformar la realidad. La exposición a la que me refiero fue la magnífica Paralela 2010 de São Paulo, aplaudida por todos quienes tuvimos la suerte de verla. Fue una enorme fiesta para el arte brasileño y Paulo abría su texto con unas significativas palabras del poeta Arseny Tarkovski: “nada de mau se perdeu / nada de bom foi em vão / uma luz ilumina tudo / mas deve haver mais”.
Para nosotros en DARDO, Paulo Reis siempre fue la luz capaz de revelarlo todo, máxime las cosas más esenciales de la vida. Personalmente, no tengo dudas de que ha sido la persona que más y mejor me ha enseñado que la vida se guarda las mejores cosas para los momentos de retiro, para la calma que emana cuando se comparte lo más sencillo con un amigo; pocos amigos como Paulo; pocas personas como Paulo.
Conocí a Paulo Reis hace ocho años pero siempre me ha parecido conocerlo de toda la vida. Nuestra amiga común Lúcia Marques, comisaria portuguesa, le regaló un libro mío que el propio Paulo se empeñó en presentar en Río de Janeiro donde tuvimos la ocasión de conocernos y de iniciar nuestra amistad. A mi vuelta, me esperaba ya una carta del propio Paulo agradeciendo mi presencia de esta manera: “En el balance de las actividades, de los encuentros personales y artísticos, de los puentes futuros y de las muchas sonrisas despertadas, creo que conquisté el gran objetivo que no era otro que aproximar a personas que admiro por su trabajo, por su carácter y por pensar que pueden nacer proyectos de interés común. Estimo que es en el terreno de la afectividad, ya sea artística o humana, que estos puentes se construyen. Solamente en el pilar de la afectividad se puede sustentar ese puente”. Sus palabras resumen esencialmente la bondadosa vida de Paulo Reis para cualquiera que lo haya tratado mínimamente.
Un año más tarde colaboramos otra vez en Brasil en un encuentro que reunió a artistas como Ernesto Neto, Costa Vece, Daniel Canogar, Sandra Cinto, José Spaniol, Albano Afonso o José Bechara, todos buenos amigos y artistas por los que Paulo sentía auténtica devoción. El título del encuentro no podía ser más ilustrativo: Razón y Sensibilidad.

También nos acompañó en muchas de las actividades de A Chocolataría en Santiago de Compostela, un autogestionado espacio de creación que en esencia proyectará él mismo en su última gran aventura, el increible Carpe Diem Arte e Pesquisa, dinamizador espacio expositivo en el Barrio Alto de Lisboa que fundó con sus amigos Rachel y Lourenço. Como el propio Paulo, Carpe Diem se convirtió en un lugar de encuentros, de generosidad, de cultura y de alegría, de sonrisas y abrazos.
Antes, con la ilusión de un adolescente, me convenció de que efectivamente la rivoluzione siamo noi; y ahí se fraguó la idea de lanzar la revista DARDO y comenzar un trabajo de aproximación entre Brasil, Portugal y España. Cinco años y medio después la revista sigue viva y muchos son los libros editados bajo ese contexto. También las exposiciones, como la mítica Parangolé. Fragmentos de los 90 en España, Portugal y Brasil producida por el Museo Patio Herreriano de Valladolid y que tuve el honor de comisariar con él. Pero lo realmente importante es la cantidad de amigos que se sumaron por el camino; lo disfrutado en todo ese camino andado y cómo con Paulo se va también una parte de todos nosotros, de nuestra historia más rica.
Para Paulo Reis era la proximidad del arte la que proyectaba una experiencia pulsante, viva, un estado de deslocalización permanente, como lugar de paso. Ahora, entre sus amigos hemos de cuidar de su legado y desde Dardo quiero agradecer a todos los amigos de Paulo sus cuidados y su preocupación en estos duros últimos meses de vida; Margarida, Fátima, Lúcia, António, Rachel, Zé Mário, Sandra, Albano, Nelson, Conchi, Aninha, Lourenço, Nayse, etc. Se va una persona inquieta y culta por la que todos profesamos una enorme admiración intelectual. Su modestia era tan grande como su sabiduría y su bondad le llevó a tomar siempre lo bueno de las personas. Críticos, comisarios, gestores, artistas, galeristas… todos te echaremos de menos Paulo

Nos ha dejado Paulo, el hombre que solo sumaba amigos.

Un fuerte abrazo do galegão!

David Barro
Director de DARDO con Paulo Reis.

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